sábado, 13 de enero de 2018

GUERRA Y PAN, Jesús Zomeño

   Explica José María Gironella, en el prólogo a Un millón de muertos, la razón del inexacto título de su famosa novela sobre la Guerra Civil española (es sabido que hubo medio millón de víctimas mortales). "No solo hay que contar los muertos físicos - nos viene a decir en el prólogo - sino también los muertos de espíritu". 
   Me ha venido está cita a la memoria, leyendo la última entrega de Jesús Zomeño ambientada en la Gran Guerra: "Guerra y Pan". Casi todos sus protagonistas han vuelto de la guerra o se incorporan a ella. Caminan, conversan, entablan diálogos, pero están muertos. Son víctimas de la sinrazón de las trincheras, y han quedado mutilados de alma, enterrada seguramente en alguna  ladera del Somme o de Verdún. 
  Los vivos, nosotros, soñamos, amamos, celebramos o desesperamos, cantamos o lloramos. Somos hombres y vivimos el claroscuro drama de la vida. Sin embargo, los que encarnan estas breves narraciones han agotado toda su capacidad de drama en los cuatro años de guerra, han cometido tales atrocidades que su brújula moral ha quedado extraviada. Sin moral, nada queda del hombre. Son "deshombres". Ilesos de los obuses enemigos, han nacido a la muerte. No les importa odiar, matar, aborrecer a su familia, a su pasado, a su antiguos amores. Han hecho del cinismo su modo de vida. Solo eso los mantiene en pie. Como están muertos, algunos esperan la ocasión de suicidarse o de que les cuelguen en una plaza pública. La muerte física no representa para ellos un cambio sustancial. 
   A alguno le podrían parecer estos relatos demasiado crudos, terriblemente descarnados, sin resquicio a la luz o a la complacencia. Pienso que están, sin embargo, ejemplarmente traídos "a cuento". En realidad, como nos reconoció en la presentación del libro, la Guerra Mundial es un simple encuadre. Podría haberse tratado de otra guerra. Son relatos de condición humana. En este caso, "inhumana". 
   ¿Cuál elegir?: no sé, todos me han gustado precisamente porque me han disgustado. "La guerra del soldado Marcel Galliard" es sumamente sugerente: no encuentra motivos par odiar al enemigo, tiene que inventárselos. "Máscaras" es definitivo: como el colofón de la más altruista sin razón. 
   Y es que, según mi opinión de modesto historiador, la primera Guerra Mundial fue eso: la más altruista sinrazón que han contemplado los siglos. 
   Esperemos que Jesús Zomeño siga clavándonos el aguijón de lo que somos o de lo que podemos llegar a ser si decidimos matar en vida nuestra condición humana. 

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