viernes, 5 de julio de 2019

NATURALMENTE, AMARTE, de Juan C. Lozano


   Colección Lunara de Poesía nos regala dos nuevas plaquetttes. Por lo que voy viendo, plaquettes es sinónimo de pequeña extensión y gran densidad poética. Mucho bueno en poco espacio. Buen camino.
 Comento ahora "Naturalmente, amarte". Podéis encontrar un sustancioso análisis de este poemario en www.frutosdeltiempo.wordpress.com  a cargo de Javier Puig. Yo me limitaré a un par de reflexiones. 
  Primera reflexión. Los filósofos personalistas distinguen entre mirar y contemplar. Mirar es recabar información de lo que vemos, es una forma de poseer, de identificar y archivar en nuestra memoria un paisaje, una persona, una canción. Contemplar consiste en lo contrario: dejar que ese paisaje, esa persona o esa canción nos invadan, nos posean. Llenarnos de espacios, de personas, de mundo. Ahí radica la inversión de perspectiva (que, en realidad, es una inversión de valores) del poeta. Juan contempla paseando por el Chiado, en la cama de un hospital, en una perdida habitación de una perdida calle de Londres, y en esos lugares que ocupamos en el mundo (I y II): la familia, los mayores. Sin quererlo, Juan nos enseña cómo educar la mirada, nos muestra cómo agachar el espíritu para escuchar ese casi imperceptible ruido de fondo que emite el pequeño el entorno que nos rodea a diario, allí donde el amor se encuentra con la vida en dramática batalla, que nunca dará por perdida. 
   Segunda reflexión. Las referencias, literarias, artísticas, musicales, etc., no son meras erudiciones incrustadas en sus versos. Juan permanece en diálogo permanente con ese bagaje cultural que sus muchas lecturas le han propiciado. Su experiencia cotidiana queda enriquecida y de algún modo transfigurada por esas referencias de un modo natural y sencillo, sin afectación alguna.
   Últimamente, suelo poner negro sobre blanco en este blog algunos de esos versos que enmarcas en lápiz porque sabes que vas a volver ellos algún día. Hay un poema dedicado a un ser querido con alzheimer, al que dedica estos versos finales: ...te duermes / cogiéndome la mano / como si quisieras /encontrar / el camino de vuelta. Solo un contemplador puede convertir el tacto en un milagro que todo lo salva. 
   No tardes en publicar, Juan: te seguiremos leyendo.

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