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Nací en Palencia en 1960. Ejerzo la docencia en un Instituto de Elche como profesor de Historia del Arte e Historia Contemporánea. He escrito algunos libros y me gusta leer. Participo en diversas actividades literarias. Con este blog, pretendo simplemente dejar constancia de todo libro que cae en mis manos, con el deseo de que me sirva para reflexionar sobre lo leído y poder así compartir mis impresiones. Muchas gracias.

jueves, 16 de julio de 2026

ISLAS MENORES, José Antonio Corrales

 




   Acabo de terminar Islas Menores. Os adelanto mi conclusión: me parece la mejor novela, hasta ahora, de José Antonio Corrales Ponce de León. ¿Razones?

   En primer lugar, por la magistral descripción que hace de la Manga del Mar Menor. Un exhaustivo reportaje literario, que supone un diorama perfecto de esa maravilla de la naturaleza, e invita por sí solo a visitar la zona cuanto antes. En este punto, os animo a que busquéis el canal de YouTube que tiene el autor, Excursiones en cinco minutos, y seleccionéis el capítulo dedicado a la Manga. Ilustra, por sí solo, muy bien todos los lugares que aparecen en la novela. 

   En segundo lugar, por el relato de la problemática ecológica y social que padece este singular ecosistema. El lector adquiere un conocimiento privilegiado de la zona, pero también se conciencia sobre unos problemas y unos hechos que, desgraciadamente, no son ficción. La mayor laguna salada de Europa está en peligro.

   En tercer lugar, porque la novela es muy completa. Tiene de todo. Ya hemos dicho: geografía, ecologismo. Pero también tiene su ingrediente romántico y, por supuesto, acción. Además, los capítulos son breves y se concatenan unos con otros (la idea de poner títulos constituye, en mi opinión, un acierto). Todo ello hace que el ritmo de la acción sea trepidante, que pases las páginas con avidez y sin darte cuenta, y que sus cuatrocientas cincuenta páginas no se te hagan, en absoluto, pesadas o reiterativas. 

   La cuarta razón por la que es la mejor novela es, en mi opinión, clave. Los personajes de Ariel y Rómulo cada vez están más hechos, son más ellos mismos. Tienen una personalidad más compleja, revelando luces y sombras. Por circunstancias que no cuento, les va algo muy personal en su aventura, no se trata solo de la resolución de un caso. Lo que tienen entre manos es parte de su vida y de su corazón. Tanto Ariel como Rómulo sufren, caen en la ansiedad, en el abatimiento y, a veces, parece que se ven abocados, incluso, a una especie de loco frenesí.  En mi opinión, hay una evolución en la serie Ariel Gil, que tiene ya dos entregas anteriores ya comentadas en este blog (Barrios de sangre La penumbra de Miranda). En esta última entrega, son -por decirlo de alguna manera- más humanos que nunca. 

   Y, como quinta razón, el pulido estilo al que nos tiene acostumbrados el autor ilicitano. Adjetivos muy bien colocados, imágenes que pintan situaciones, diálogos vivos y ágiles. Aderezado todo con el conocimiento que el autor posee de los más diversos campos. Claramente, hablamos de todo lo que se refiere a labor policial y los diversos tipos de armas (para el que no lo sepa, el autor es intendente de policía, con muchos años de experiencia), pero también de los usos y técnica de navegación, de las diferentes arquitecturas, de los problemas ambientales, etc. En ámbitos tan diversos, el autor se desenvuelve con naturalidad, con un vocabulario preciso y con explicaciones técnicas claras y certeras. 

   En fin, es una novela que te va tener atrapado, donde hay de todo: corrupción política, explotación laboral, naturaleza en peligro, amor, muerte, secuestros, persecuciones, intercambio de disparos, narcotráfico... Una sorpresa en cada esquina. 

Y que siga: ¡Ariel Gil no puede morir!


viernes, 10 de julio de 2026

EN LA ESPESURA DE LO INVISIBLE, Javier Puig


 


   La editorial Ars Poética publica un poemario del escritor y crítico de cine  oriolano Javier Puig. La edición es pulcra, la portada muy sugerente, y el conjunto de poemas que nos ofrece, magnífico por su coherencia interna y su honestidad. En realidad, En la espesura de lo invisible es el final de una trayectoria literaria basada en cuestiones tan centrales como la búsqueda de la propia identidad, el sentido de la existencia y el paso del tiempo. 

   Todo está sabiamente entrelazado. El orden de los capítulos son una declaración de intenciones. Solo si sabemos indagar en lo que fuimos (Perspectiva del tiempo), podremos cimentar el verdadero amor (Fundación del amor) y confrontarnos con nuestro entorno (En el mundo), valoraremos a los otros, en su status sufriente (El dolor de los otros), y nos prepararemos para mirar al 'más allá' con serenidad, cuando llegue el momento (Cerca del otro lado). 

   En este sentido, los temas (tiempo, identidad, amor, sentido y muerte) son los eternos, pero esta vez tratados con rumbo y con serenidad, siguiendo la estela de los clásicos.

   El estilo se resume en un lenguaje claro y sencillo, lleno de imágenes poderosas y sugerentes, y en un tono meditativo y conversacional. Sus versos discurren con una cadencia calmosa y limpia, lo que ayuda a la reflexión. Supera la circunstancia, se instala en lo atemporal. Sirve para todo ser humano, de todo tiempo y geografía. Su reflexión tiene alcance universal. 

   En efecto, lo invisible supone bruma y espesura, pero no una bruma lejana. Está dentro de nosotros. Y nuestra tarea es disiparla. La vida hacia fuera es fruto de un viaje interior. Un viaje al que el poeta nos invita. 

  Estos versos que cito, aunque expresados en segunda persona, parecen dirigidos a sí mismo y, por extensión, a todo el que se asome a ellos: Albergas el aire de una paz / que no es en ti la huella de lo sabido / sino búsqueda de lo encontrado, / caricia del universo. / Ahora te atienes a un precepto / de levedades profundas, / de palabras serenas. 

   Esa levedad profunda es el mejor don que nos transmite Javier Puig en este impecable poemario. 

miércoles, 1 de julio de 2026

LAS VACACIONES DEL ESCRITOR, Rafael Camarasa

 



   El poeta valenciano Rafael Camarasa nos ofrece, en estas Vacaciones del escritor (Contrabando, 2026), un nuevo poemario que sigue con gran coherencia las líneas maestras de anteriores entregas. Ya comentamos en este blog el poemario titulado El que mira, con el que recibió el premio Ciudad de Burgos. En esa ocasión, escribí que el título lo dice todo. En efecto, todo comienza en la mirada, pero no todo se queda en la mirada. 

   Ahora, el poeta se pone en movimiento, y nos da cuenta de momentos especiales vividos en diversos lugares a los que ha tenido ocasión de viajar. En realidad, sea en el parque de abajo de su casa o en Liubliana o Mostar, al poeta le da igual. Dentro de un montón de turistas que fotografían embobados lo que ven, el escritor (que nunca está de vacaciones), pone su mirada en detalles que pasan desapercibidos a la masa (cantos lejanos, figuras que se pierden en la esquina, el paisaje que se percibe a través de la ventanilla de un tren). Pero, enseguida, su palabra se eleva  para iniciar una profunda reflexión sobre diversos aspectos de la condición humana. Y lo hace con tal sabiduría y dominio del lenguaje, que provoca en el lector sorpresa y un cierto estremecimiento intelectual. 

   La poesía de Camarasa, en efecto, se inicia en la contemplación, pero es fundamentalmente discursiva. No encontramos ni grandes odas ni poderosas imágenes (su estilo es directo y sobrio, de línea directa). El poeta sublima lo que ve para buscar un viaje interior donde indaga con ahínco en el sentido de la verdadera felicidad.

   En este sentido, el libro atraviesa esa tensión que existe entre la alegría de haber encontrado un tesoro, y la conciencia de su pérdida. En muchos momentos parece encontrar la plenitud,  pero -en el mismo verso- toma conciencia de que esa plenitud es efímera. Tal es la condición humana -temporal, voluble- y él la acepta con serenidad. 

   Con todo, no se trata de una poesía pesimista, sino fruto de la reflexión. Podríamos concluir que la verdadera plenitud es ser consciente de que todo es transitorio. Por ejemplo, el olor a humo sardinas que queda en sus manos después de una tarde en un establecimiento cercano a la playa (¡qué recuerdos de mis veranos en Suances!), es solo la evocación de un momento irrepetible que ya se está difuminando. 

   Los poemas que más me han ayudado a esta benéfica y sanadora reflexión son Tour, Sarajevo, Sardinas, Playas de los muertos (una advertencia a nuestra insensibilidad), y, el que cierra el libro, Santuario (diríamos, un final redondo). Pero hay muchos más: es difícil elegir.

   Gran poeta Camarasa. Un gusto haber participado en sus dos presentaciones.