David Reche es propietario de la librería Ali i Truc en Elche. Pero no solo vende libros, sino que es un verdadero foco de cultura dentro de la sociedad ilicitana, facilitando presentaciones, proponiendo lecturas en sus boletines, y organizando una sabrosas cenas con autores de renombre.
Es menos conocido, sin embargo, en su faceta de escritor. Tuve la ocasión de leer y comentar en este blog su novela juvenil A Macondo se va en línea recta (Ed. Descentrados, 2018), una historia emocionante y verdaderamente original, apta para jóvenes y no tan jóvenes.
Ahora saca del cajón una apetitosa ensalada de relatos, que la colección Fif%ty (Frutos del tiempo ediciones, 2026) ha tenido el acierto de publicar. A pesar de la diversidad de relatos, David no nos ofrece un saco de historias sin orden ninguno. Tanto el estilo como la temática poseen una coherencia y unas claves de lecturas comunes.
Los sainetes, por ejemplo, están escritos en clave de humor. Comprenden historias llenas de ingenio y sorpresas muy hábilmente trabadas. Por destacar dos que a mí me han parecido geniales: El rinoceronte todavía estaba allí y Sainete del amante diverso o del tamaño de la minoría. Estos dos relatos, como todos los demás, son prueba fehaciente de la potente imaginación creativa del autor. Pero además, no es difícil percibir, si los leemos con atención, una sibilina crítica a muchos aspectos de la sociedad de nuestro tiempo.
En la segunda parte del libro, Del desamor en domingo, nos hace partícipes de algo tan literario y tan vital como el fracaso amoroso. Pero el autor siempre suele poner en cada plato su punto de chanza y su ingrediente de luz. En la tercera parte, De otros monstruos, abundan microrrelatos que condensan, en pocas líneas, vidas imposibles o situadas justo al borde del abismo. En fin, el libro está ilustrado con dibujos muy sugerentes, como el que da pie al genial microrrelato titulado Olvido.
Comentar más de cada uno, sería un spoiler imperdonable en unos argumentos que son todo menos previsibles. Algunos consisten en verdaderos fogonazos literarios, en donde prima la sorpresa, el giro, el cambio de pantalla inesperado. En este aspecto, el autor se revela como un auténtico maestro.
Para concluir, en mi opinión, David tiene una innata habilidad en transformar situaciones cotidianas en algo absurdo, grotesco o inquietante, que nos hace pensar. Puede ser una literatura divertida, a veces disparatada. Pero no es una literatura superficial. Muchas gracias, David, y esperemos que tus múltiples obligaciones librescas no te aparten del arte de escribir. Puede haber todavía muchas sorpresas.

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