Acabo de terminar Islas Menores. Os adelanto mi conclusión: me parece la mejor novela, hasta ahora, de José Antonio Corrales Ponce de León. ¿Razones?
En primer lugar, por la magistral descripción que hace de la Manga del Mar Menor. Un exhaustivo reportaje literario, que supone un diorama perfecto de esa maravilla de la naturaleza, e invita por sí solo a visitar la zona cuanto antes. En este punto, os animo a que busquéis el canal de YouTube que tiene el autor, Excursiones en cinco minutos, y seleccionéis el capítulo dedicado a la Manga. Ilustra, por sí solo, muy bien todos los lugares que aparecen en la novela.
En segundo lugar, por el relato de la problemática ecológica y social que padece este singular ecosistema. El lector adquiere un conocimiento privilegiado de la zona, pero también se conciencia sobre unos problemas y unos hechos que, desgraciadamente, no son ficción. La mayor laguna salada de Europa está en peligro.
En tercer lugar, porque la novela es muy completa. Tiene de todo. Ya hemos dicho: geografía, ecologismo. Pero también tiene su ingrediente romántico y, por supuesto, acción. Además, los capítulos son breves y se concatenan unos con otros (la idea de poner títulos constituye, en mi opinión, un acierto). Todo ello hace que el ritmo de la acción sea trepidante, que pases las páginas con avidez y sin darte cuenta, y que sus cuatrocientas cincuenta páginas no se te hagan, en absoluto, pesadas o reiterativas.
La cuarta razón por la que es la mejor novela es, en mi opinión, clave. Los personajes de Ariel y Rómulo cada vez están más hechos, son más ellos mismos. Tienen una personalidad más compleja, revelando luces y sombras. Por circunstancias que no cuento, les va algo muy personal en su aventura, no se trata solo de la resolución de un caso. Lo que tienen entre manos es parte de su vida y de su corazón. Tanto Ariel como Rómulo sufren, caen en la ansiedad, en el abatimiento y, a veces, parece que se ven abocados, incluso, a una especie de loco frenesí. En mi opinión, hay una evolución en la serie Ariel Gil, que tiene ya dos entregas anteriores ya comentadas en este blog (Barrios de sangre y La penumbra de Miranda). En esta última entrega, son -por decirlo de alguna manera- más humanos que nunca.
Y, como quinta razón, el pulido estilo al que nos tiene acostumbrados el autor ilicitano. Adjetivos muy bien colocados, imágenes que pintan situaciones, diálogos vivos y ágiles. Aderezado todo con el conocimiento que el autor posee de los más diversos campos. Claramente, hablamos de todo lo que se refiere a labor policial y los diversos tipos de armas (para el que no lo sepa, el autor es intendente de policía, con muchos años de experiencia), pero también de los usos y técnica de navegación, de las diferentes arquitecturas, de los problemas ambientales, etc. En ámbitos tan diversos, el autor se desenvuelve con naturalidad, con un vocabulario preciso y con explicaciones técnicas claras y certeras.
En fin, es una novela que te va tener atrapado, donde hay de todo: corrupción política, explotación laboral, naturaleza en peligro, amor, muerte, secuestros, persecuciones, intercambio de disparos, narcotráfico... Una sorpresa en cada esquina.
Y que siga: ¡Ariel Gil no puede morir!
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